Mr.Rain's Blog

13 julio 2009

Crónicas de muerte: Un día de quimio (3ra Parte)

Filed under: Columna — Mr.Rain @ 6:13 pm
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Me despierta un malestar en mi brazo. Antes de mirarlo, doy un vistazo a la hora: no dormí más de dos. Ahora, sí, miro mi brazo y veo como, por el tubo de plástico que se une a mi mano, sube la sangre. Se tapó la vena, pienso. Cierro la llavecita esa y llamo a la jefe.

Aparece ella sonriente, siempre dispuesta. La miro y le indico, con mis ojos, el problema y ella asiente con expresión grave. Da media vuelta y regresa por donde vino. Yo sé adonde va.

Aparece, de nuevo, ella, dos minutos más tarde. Lleva sus manos con guantes y en ellas una gran jeringa llena de suero. Aprietó los ojos con fuerza. Ya sé lo que pasará. No quiero estar ahí. Pero nadie me dio a elegir.

Se sienta a mi lado, me acaricia el brazo hinchado con ternura. Yo lo siento frío. Pone, sobre el catéter la jeringa, limpia un poco la parte de caucho. Entonces, empieza lo feo. Clava la aguja en esa parte amarilla y empieza a hacer presión. La vena está tapada, no pasa la sangre, no pasa el suero. Siento como mi vena se hincha más y más. Duele, por dentro, mi brazo. Se sigue hinchando. La jefe hace un último fuerte movimiento y… ¡bam! No más coagulo. Grito. Me retuerzo. El peor dolor de todos varias veces al día, una vez a la semana.

Se me escurren lágrimas. Duele demasiado. Me marea, el dolor. Me levanto y voy al baño, más débil que antes. Y me dejo caer sobre el inodoro. Y hago arcadas sin vómito. Aún más dolorosas. Sangra, más, mi garganta. Me maldigo, por débil. Me vuelvo a maldecir, por maldecirme por estupideces que se salen de mi control.

Me levanto. Regreso al sillón. Aún estoy sudoroso.

– Estás pálido, hijo – me dice mi mamá.

– Yo sé, mamá, yo sé.

Me siento, tengo frío. Mi mamá me arropa con la cobija. Trato de dormir. Pero aún siento el brazo latir con fuerza. Me duele. Cierro los ojos. No duermo. Trato de dibujar la silueta de mi mamá a través de mis párpados. Me detengo: me duele la cabeza por el esfuerzo. Me duele más, la cabeza, el brazo, el cuerpo. Me duele mucho. Me marea, el dolor.

Me veo en el baño. Vomito. Me veo en mi casa. Caigo. Me veo solo. Solo. Todo está dando vueltas.

Me despiertan unos suaves golpecitos de la jefe.

– Migue, te tenemos que cambiar de vena. Esta ya no da más – dice ella dulcemente.

No respondo. Asiento y estiro el otro brazo resignado. Y ella se pone en la ardua labor de buscar venas en un brazo de alguien a quien ya casi ni le quedan; sanas, por lo menos. Tarda bastante, se toma su tiempo, toca el brazo, centimetro a centimetro; ve varias venas, las palpa, niega para sí. Por fin encuentra una. Casi llegando a la articulación, de donde, generalmente, sacan sangre. Me aprieta el biceps con un guante, limpia y entra. No duele tanto ahí, y, de todos modos, aún sigo un poco adormilado.

De la otra mano retira el catéter dañado. Es una pequeña molestia. No mucho. Me conecta, ella, en la vena nueva, lo que quedaba de la bolsa de tratamiento; un poco menos de la mitad.

Ahora me siento algo adormecido, de nuevo. Miro, entre pesados parpadeos, como la jefe da los últimos toques a la maquinaria. Intento decir algo, y cierro los ojos.

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1 comentario »

  1. “Me maldigo, por débil. Me vuelvo a maldecir, por maldecirme por estupideces que se salen de mi control.”

    Me gustó mucho esa linea.

    Espero que deduzca por qué porque se me dificulta traducir esos abstractos.

    Comentario por MVRH — 15 julio 2009 @ 2:10 am | Responder


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